martes, 12 de febrero de 2008

Cuando moja el rio, da una lección.

Invité al rio a pasar por la
puerta delantera,
elegante, azul, despeinado,
me ragaló un racimo de carcajadas
al verme con dos tazas de porcelana,
y la tetera verde transparente
hechando humo; el té y el yo.

No me importó, no comprendí
que para el rio tomar té
verde, era como para un negro o
un amarillo comerse a un blanco
o a un piel roja.

Esta nueva forma de canivalismo,
tomar té, no era una ceremonia
era un funeral.

Que el rio tome té es un
cuerpo carnivoro, una flor
en el aire, gusanos en la
arena, el sol contra la pared.

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